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Lo que yo vi en esos años.

El post del otro día, que arrancó como respuesta a un artículo del PO, me hizo acordar que yo hace muchos años que le vengo dando vueltas en la cabeza a este asunto de los '90, el rock, la militancia y demás yerbas. Al final del post anterior puse que es algo de lo que que yo sepa no se ha escrito, y sentí atrás al bichito diciendo "y, si nadie lo escribió escribilo vos", y acá estoy.

El problema es que ese "nadie" quiere decir más precisamente "nadie calificado", y yo creo que no estoy calificado, lo único que tengo a mi favor es que alguna vez lo pensé. Por un lado, no tengo la formación que creo que tendría que tener alguien que pueda escribir seriamente sobre la época. No se demasiado ni de sociología, ni de política, ni de música. Por otro lado la visión que tengo de la época es adolescente, a ras del piso, y sin siquiera patear demasiado la yeca. Por todo esto, dudo de todas y cada una de las cosas que afirmo, en particular cuando hablo de evoluciones, porque de lo que pasó antes básicamente no se nada. Quiero que al menos quede bien claro esto, así que voy a empezar por contar cómo llego yo a toda esta farsa del rocanrol.

Por cómo fui ingresando al rock y su(s) cultura(s), nunca tuve un referente que me cuente cómo eran las cosas antes, al menos no en mis años formativos. Mis primeros palotes con el rock fueron los discos de los Beatles, que estaban todos en casa, algunos repetidos, de las colecciones de mis viejos y después, uno de Los Gatos que tenía mi viejo (un compilado sin demasiado ton ni son, que ni tenía La Balsa). Para el '90 yo ya escuchaba FM y estuve justo ahí para el gran fenómeno de la época: Soda Stereo y, más puntualmente, Canción Animal. Todavía tengo todos los casets en algún lado (y Dynamo en CD) y todavía considero el del la 9 de Julio en el '91 mi primer recital. Pero eso era todo lo que sabía del rock nacional de los '80 hasta que llegó a mis manos el libro Corazones en Llamas, donde Laura Ramos, a quien yo junaba de los Buenos Aires Me Mata en el Sí, junto con otra autora cuyo nombre escapa etcétera, contaban la historia del rock de los '80 compilando reportajes a los protagonistas.

Hoy pienso que ese libro, que perdí hace muchísimos años, omite un pedazo de esa historia, pero ese libro me contó que había un montón de bandas de las que yo no tenía nada, y por algún motivo eso me llamó poderosamente la atención. Mis cuadernos de 6to y 7mo estaban llenos de nombres importantes como Sumo, Los Redondos, Charly y Soda aunque también algunos que hoy me dan cierta vergüenza como Zas, sin que yo hubiera escuchado casi nada de ellos. 1 En el '91 mi abuelo me regala un minicomponente con CD, más la promesa 20 pesos al mes y ahí empecé, casi sistemáticamente, a coleccionar los discos de toda esa gente de la que había leído en el libro. Empecé por Yendo de la Cama al Líving y no tardaron los Redondos, Sumo, sin salvarme del fenómeno que fueron 3er Mundo y, más aún, El amor Después del Amor de Páez.

En el '93 me pasaron dos cosas importantísimas, una bastante normal que fue empezar la secundaria y otra que me cambió completamente la cabeza con respecto al tema del que estamos hablando: empecé a escuchar FM La Boca. FM La Boca no era simplemente una radio que pasaba sólo rock nacional, no se parecía en nada a lo que después fue La Mega. Como era una radio independiente (o vulgarmente "trucha") pasaban básicamente lo que se les cantaba, no sólo hits y música más o menos comercial. No sólo era normal escuchar absolutamente todo el espectro del rock nacional de los '60 en adelante, sino que sonaban constantemente las bandas nuevas, las que tenían con suerte uno o dos discos, muchas de ellas independientes, y que gracias si juntaban 200 personas.

Así supe de la existencia de Bersuit Vergarabat, Los Visitantes, 2 Minutos2, Divididos, Las Pelotas, Hermética, Caballeros de la Quema, otra que yo pensaba que eran Los Guarros y me indignaba que me gustaran hasta que me entere que era nada menos que La Renga y la que fue mi banda de cabecera por muchísimos años, Los Piojos. Como para que entiendan cuánto hace de todo esto, todavía me acuerdo de escuchar la radio en el campo de deportes del secundario porque Los Piojos estaban presentando su disco nuevo, Ay Ay Ay. Que dicho sea de paso cuando lo compré escuchaba sólo 4 canciones (Arco, Ay Ay Ay, Te Diría y la cuarta te la debo), porque las demás me parecían demasiado tropicalosas y blandas, confirmado la sensación que había tenido al escuchar la radio. Bueno, qué quieren, era la época de Hermética, yo casi que era medio jevi.

Podría contar muchas cosas más de FM La Boca, pero lo que importa es que en el '93 había terminado la búsqueda, ilustrada con la sucesión de compras Martes Menta; Bersuit; Chac-tu-Chac. El siguiente paso fue empezar a ir a verlos en vivo, cosa que empezó con Los Piojos en el '95 (primera vez que tocaban en La Trastienda, después los llegué a ver un par de veces en Arpegios) y ya entre el '96 y el '97 iba seguido3. Siempre fui del palo más rocanrolero, y en esa época adolescente renegué completamente de Soda, que después de Canción Animal se había ido muy para el lado sónico que yo rechazaba por principios. Ahora que estoy grande siguen sin gustarme cosas como Babasónicos, IKV o El Otro Yo, pero en esa época era más que gustos, era una toma de posición adolescente.

Pero ya me estoy empezando a ir por las ramas de la memoria y la nostalgia. Mejor volvamos a hablar un poco más en general. Postulo que la propiedad distintiva del Rock Nacional de los '90 es que es el momento en que nuestro rock se independizó. Durante los (digamos) veinte años anteriores nuestros músicos y bandas, si bien aportan cosas propias siguen las tendencias de afuera. El rock nacional de los '70 es difícil de distinguir del rock anglosajón de la misma época, y la influencia del punk, el new wave y el primer heavy en los '80 es obvia. Y es razonable, los músicos de esas épocas tenían como única influencia posible a las bandas de afuera. Pero los pibes que formaron bandas a finales de los '80, lo hicieron mientras escuchaban y veían todo ese rock que tenían acá a mano. El resultado es qué mientras el rock moría lentamente en EEUU e Inglaterra (excepción hecha del grunge, y tampoco duró tanto esa historia), acá crecía y crecía.

Al mismo tiempo (y acá es donde empiezo a decir cosas de las que no estoy tan seguro) el rock se popularizaba, no en el sentido de que movía más gente, sino en el de cuál era la extracción social de esa gente y, más áun, de los músicos. Salvo ciertas excepciones, los músicos fundadores del rock eran gente más bien intelectual, lo que dicho sea de paso era la tendencia en todo el mundo. Eran gente que se juntaba a armar un proyecto musical, que escribía discos basados en libros de autores franceses, que tenían una información que había que traer físicamente de afuera, como cuenta David Lebón que fue el que trajo los discos de Hendrix de EE.UU. El público era gente como ellos o, en todo caso, pequeñas tribus urbanas en ciertos barrios. Para los '90 el rock, más precisamente el rocanrol, ya era definitivamente cosa de clase mediabaja y de barrio, tanto público como músicos.

La tradición más intelectual, por así llamarla, siguió adelante y con éxito comercial y de crítica en el ala sónica que mencioné antes. El tema del éxito de crítica no es menor, porque la crítica "especializada" era la misma que venía de antes, surgida de las movidas contraculturales de los '80 y nunca entendió ni aceptó el "nuevo movimiento". Ese conflicto musicosocial empezó ya a fines de la década, cuando los Redondos se empezaron a masificar, la banda abrazó a este público y el viejo público intelectual y, en muchos casos, periodístico, los defenestró. Hoy en día los llamaríamos "hipsters", pero creo que es más complejo el asunto, creo que los Redondos se dieron cuenta de lo que Luca había visto básicamente cuando llegó, eso de


Basta! Me voy rumbo a la puerta
Y después a un boliche a la esquina
A tomar una ginebra con gente despierta
Esta sí que es Argentina


Este público nuevo de este nuevo Rock Barrial sí que era Argentina, y venía entroncada en otra tradición. Porque para el '94, cuando La Renga llegaba por primera vez a un Obras que a los Redondos hacía rato que les quedaba chico y Divididos llenaba de a 8 veces juntas, la antipolítica se estaba convirtiendo en una cosa normal. Y los pibes buscaban4 formas de expresarse. En esos años empiezan a brotar murgas, centros culturales y grupos de teatro por todos lados5, porque la política, en la que se había canalizado esa energía durante las décadas anteriores, ya no estaba más. Es triste comparar las convocatorias de los cierres de campaña del '95 con los de los '80. Esa energía tenía que salir para algún lado y uno de esos lados fue el rocanrol.

Se creó una cultura que hablaba de que el músico tenía que ser independiente como los Redondos, de ir en banda con los trapos a los recitales, de diálogo entre el músico y el público y una identificación entre ambos que se basaba en que el que estaba abajo quizás a la semana estaba arriba.6 Eso llevaba a otra diferencia con los '80: si bien el Oeste siempre estuvo más con La Renga y el Sur con Los Piojos, nunca hubo una rivalidad que algunos periodistas quisieron agitar. Nada comparable a las diferencias entre Soda y Los Redondos, que eran ya cosa entre ellos, más allá de los gustos de cada público. La gente del rock de los '90 eramos una sóla parva que fue creciendo y creciendo durante la década, a finales de la cuál podía mover 100.000 personas a ver gratis a Divididos, o llenar dos River hasta la recontramanija para ver a Los Redondos.

El rocanrol era de lo poco que tenían(mos) como expresión mucha gente de esa época tan de mierda. Eran(mos) los desclasados, los que no se podían ir o nos quisimos quedar cuando arrancó la crisis y lo más razonable era ir a ganarse la vida fuera del país. Aunque por supuesto nada de esto era realmente consciente, simplemente era lo que había, era lo normal. Creo... no, no creo, tan solo quisiera creer, que mucha de esa energía hoy está de nuevo volcada a cierta militancia, sin detrimiento del rocanrol, porque por suerte la cultura no es un juego de suma cero.

No todo es color de rosa, por supuesto. Mucha gente se quedó sólo con la parte de las bengalas, el aguante y cuánta gente llevás y la música se perdió un poco. Creo que es por eso que de los sucesores de esta movida yo apenas rescato a Las Pastillas del Abuelo y si me apuran a Cielo Razzo, y creo que también es por eso que a nuestro rock le viene costando tanto recuperarse del golpazo que fue la catástrofe de Cromañón.

Pero eso, me parece, es tema de otro post.



1Digo casi nada porque una vez que fui a comprar casets de Soda a algún Musimundo me sobraban unos pesos y alguién me recomendó los 20 éxitos de Sui Generis.
2Ya no sos igual fue hit en la 90.1 antes que en otros lados, están en los agradecimientos y todo
3En particular a Los Piojos que los fui a ver cada vez que tocaron en capital o alrededores desde el primer Obras (bueh, la segunda de las dos fechas, pero detalles) sin faltar hasta... creo que el segundo Atlanta.
4Hablo en tercera persona porque yo venía de una familia de militantes y estaba en «el Colegio», así que mi situación era particular
5Y es la época en que reaparecen los jóvenes en el tango y el folclore.
6Literalmente, una semana fui a Divididos en Cemento y a la semana fui a La Covacha que había estado de público la semana anterior. No se si yo no toqué con La Covacha esa noche.

Mis 20 Favoritos - 8: Los cuentos del Sapo.

Los cuentos del Sapo de Gustavo Roldán (Principios de los '90)

Cuando yo era chico una de las mejores cosas que podía pasar era que ir con mi vieja a Colihue. Ella había publicado el estudio de algún libro de la colección Leer y Crear (LyC)1, por la que le pagaban unos pocos mangos, mitad porque no era un libro con mucha salida. Mi vieja inmediatamente invertía esa plata más toda la que tuviera en libros de la gloriosa colección Pajarito Remendado y igualmente gloriosa colección del Malabrista. Llegar a casa con un paquete repleto de libros era básicamente navidad adelantada.

Uno de los autores que frecuentemente publicaba en esas colecciones era el maestro Gustavo Roldán. Buscando refrescar la memoria encontré la página de Colihue con todos los libros de él publicados, y me acordé de muchísimos libros que me encantaban, y que al día de hoy me siguen pareciendo buenísimos.

Y entre ellos estaban unos de mis primeros libros favoritos: Cada cual se divierte como puede, El monte era una fiesta y Sapo en Buenos Aires. Los tres tienen en común un escenario, el Monte y sus habitantes, animales varios, cada uno con sus particularidades. El León, el Tigre, el Zorro, la Vizcacha, el Coatí, el Mono, la Pulga, el Conejo, la Tortuga, etcétera etcétera.

Y por sobre todos ellos destaca el Sapo, gran atorrante, hombre, perdón, batracio, de mundo, filósofo por vocación, vagoneta por constitución. El Sapo no es el protagonista de todos los cuentos, pero sí es el que más protagonismos tiene, y además el ídolo de los lectores y, sospecho yo, de Gustavo Roldán. Es el que siempre tiene una salida ingeniosa, el que siempre deja pagando a los brutos que mandan, al que los demás animales van en busca de consejo y además, el que ha viajado a Buenos Aires.

Los cuentos están inscriptos en una larga tradición de mundos de cuentos para chicos con galerías de animales, pero estos son argentinos. Osea, no es que hayan leones y tigres por acá, pero el tono general es mucho más parecido a los cuentos que me contaban mi viejo o mis abuelos de chico, mucho más interesantes que los cuentos de hadas eurpeos. Tienen un humor y una moralidad mucho más interesantes.

Los libros de Colihue no son los primeros libros que leí. Antes ataqué a Monteiro Lobato, y a Salgari y a Julio Verne. Pero esos libros eran heredados, los libros de Colihue son los primeros libros propios que recuerdo. Y fueron muchísimo más influyentes. Exceptuando a Elsa Bornemann, todos mis escritores favoritos de chico publicaban en Colihue: Laura Devetach, Graciela Montes, Alma Maritano, Gustavo Roldán, Javier Villafañe. Y si mirás en catálogo de la colección del Malabarista te encontrás con que de golpe te aparece un Federico García Lorca, un Conrado Nalé Roxlo, un Antonio Machado, un Horacio Quiroga, autores supuestamente "para grandes", que debe haber sido un riesgo meterlos en una colección así. De todos esos mis favoritos son los del Sapo, y se tienen más que ganado un lugar en esta lista.

No quiero ser injusto con los libros que leí antes, pero probablemente uno de los mayores responsables de que yo ame la lectura (fuera de mi familia, obvio) sea la Editorial Colihue. Acabo de abrir el catálogo para recordar nombres y me emocioné. Son mis primeros libros, son los que compartí unos años después con Leila, y ahora de adulto puedo ver que son unos libros del carajo, editados por gente que quiere que los chicos lean, que disfruten la lectura y que al leer se lean a si mismos.

Así que si ustedes tienen por ahí chicos en situación de ser iniciados en el amor a la lectura, ya saben por dónde empezar.



1Comentario para computadores: para mí LyC nunca va a querer decir "Lógica y Computabilidad"

De la inutilidad de las fotos.


Las imágenes que uno se trae de un viaje se dividen en dos. Están las que vienen grabadas en la memoria y las que vienen en fotos. La pregunta que me planteo hoy es: ¿Para qué sirven las fotos? Como siempre no hay una sola respuesta.

Saquemos de la discusión desde el principio el caso de los que sencillamente nos gusta sacar fotos en general, más allá de si estamos de viaje o no. Me refiero a las fotos de vacaciones comunes, las que parece que se sacan porque sacar fotos es parte del guión de estar de vacaciones, esas que uno a veces ve al que está sacando y piensa "eso no te va a salir ni a palos".

¿Qué diferencia puede haber entre una foto que saque uno de, digamos, Chichén Itzá o las Cataratas y todas las fotos profesionales de los mismos lugares que uno ha visto en suplementos de turismo, pósteres, publicidades y cosas así? Respuesta: ninguna, a lo sumo que aparece algún conocido más o menos chiquito. La diferencia está en otro lado.

No es lo mismo ver una foto de un lugar cualquiera que una de uno en el que se ha estado. En una foto de un lugar cualquiera uno sólo ve lo central de la foto. El monumento, edificio, paisaje o lo que sea. Cuando se trata de un lugar que uno conoce, en cambio, puede ver un montón de detalles que están alrededor, puede comparar la mirada del fotógrafo con la propia, puede detectar qué está "trucado". Y además se disparan las otras imágenes, las que uno tiene registradas.

Un ejemplo de detalle es lo que me paso'cuando transcribía el viaje a México, acá. Encontré un video sobre una particularidad de Chichén y lo que más me llamó la atención fue darme cuenta que aparecía prominentemente un banco bajo un árbol que era el mismo en el que yo me había sentado a escribir ese post.

Y con mis propias fotos me pasa lo mismo. Algunas simplemente están buenas, pero otras miro y pienso qué bueno que fue haber estado ahí. Incluso en lugares en que no necesariamente la pasé bien. Pero no creo que a todos los que miran las fotos les haga el mismo efecto. La reacción de los que han estado en los lugares fotografiados es diferente a la de los demás. Y excepto algunas fotos muy puntuales de lugares muy particulares, no producen ni pueden producir más que un "ajá". Y no está mal, sencillamente es que no estuvieron ahí.

La Poesía y yo


En mi post previo sobre lo mucho que disfruto los textos por si solos, mi Muy Querida amiga Guádix, comentó qué notable le resultaba que, pese a compartir ese disfrute, no le guste la poesía. Esto es lo bueno de hablar estas cosas con otra gente. A mí tampoco me gusta la poesía, pero jamás de los jamases lo había relacionado con el disfrute de los textos en sí. Pero tiene todo el sentido. ¿Cómo puede ser que gustándome tanto los textos no me guste la poesía?

La realidad es que no es que no me guste. Es que sencillamente nunca la supe leer. Yo en realidad leo bastante por arriba, hasta que de golpe no entiendo algo y vuelvo a leer ese párrafo u oración que se me escapó. El problema que tengo cuando leo poesía es que ese método no funciona. Si leés así por arriba sencillamente no entendés un carajo.

Creo que la clave de la supuesta contradicción está en algo que dije en el otro post: este disfrute del texto no es algo de lo que me de cuenta inmediatamente, sino que después de leer un rato lo reconozco. La poesía es mucho más inmediata. Ahora, ya, el que la agarra la agarra y el que no, se embroma;

Una de las primeras veces que noté que tenía una relación "rara" con la poesía fue en la secundaria. Tuvimos a la misma profesora de Latín desde 2do hasta 4to, y queríamos tanto que la pedimos para castellano en 5to. Y un día nos enteramos de que venía la clase nro. 100 y nos pareció una excelente oportunidad para perder una clase. La mina estuvo de acuerdo, pero si hacíamos una "fiesta de textos". Osea, cada uno tenía que traer algo para leer. La abrumadora mayoría de los que trajeron algo trajeron poesía, y diría que una importante mayoría de esos trajeron Neruda. Claramente yo estaba en la minoría, y ahí me di cuenta que jamás me había propuesto leer poesía. Y ahí empecé a intentar, calculo que con Neruda.

Y al día de hoy no lo he logrado. Creo que me leí en algún momento uno de los libros de Neruda (los 20 poemas y la canción) pero no recuerdo básicamente nada. Ya a esta altura desistí. No le encuentro la vuelta y no creo encontrársela alguna vez.

15 años de marchas del 24


La primer marcha del 24 de marzo a la que estoy seguro de haber ido a es a la de los 20 años. 1996, osea que tenía 16 años. Hoy se cumplen 35 años del golpe, así que hace 15 años que voy a la marcha. No es que haya ido a todas, pero siempre estuvo en mi cabeza la decisión de ir o no ir. Tampoco puedo asegurar no haber ido antes. En particular no estoy seguro de no haber ido a la inmediata anterior.

En el '96 fui con el Grupo de Teatro Catalinas Sur, lo que produjo cierta desaprobación de parte de mi viejo, a quien no le convence ir a una movida política con una agrupación no política. Su opinión en esos temas era muy importante para mí en esa época, pero me defendí diciendo que sencillamente había ido con "mi gente". Esa fue una de las pocas veces, si no la única en que marché, es decir, estuve con una columna desde Congreso hasta la Plaza de Mayo, en vez de ir y volver a mi ritmo entre la gente. Buena parte de la marcha estuve pelotudeando con una banderita como si tuviera algún tipo de habilidad como para hacer algo parecido a malabares.

Supongo que había mucha gente siendo los 20 años. No lo podría asegurar, primero por haber marchado en vez de recorrido, segundo por no tener mucho punto de comparación. A esa altura de mi vida las movilizaciones más multitudinarias que conocía eran las del '92 o '93 contra la Ley Federal de Educación, y las del '95 contra la Ley de Educación Superior. Me pareció que había más gente que esas veces, pero ahora me resulta bastante obvio esto, dado que no eran sólo docentes y estudiantes, sino todo el arco político de popular a progre.

Yo era más bien inocente e ignorante en cuestiones políticas, así que muchas cosas que recuerdo de esa época deben estar mal por falta de capacidad de análisis y de observación. Era una época en que el m*n*nismo estaba a pleno, surfeando el 49% de octubre del '95, para consternación de la clase media u opinante de la Capital. Ser peronista era sinónimo de n*n*nismo, o recuerdo de abuelo sin contacto con la realidad, los famosos "peronistas pero de Perón". Mala palabra o anacronismo, Debido a mi punto de vista particular, familia militante y secundario universitario politizado, tenía una visión irreal de la participación política. Me parece que esta había perdido cierta masividad que no retornaría hasta los movimientos de desocupados (esos que los periodistas titulan "piqueteros") y más aún con el kirchnerismo de la 125 en adelante. Entre la gente que me rodeaba cotidianamente la política era cosa de ladrones y asesinos, o de unos pocos loquitos que nos la bancábamos solos.

Después del '96 seguí yendo a las marchas. No tengo una anécdota para cada una, pero sí recuerdos sueltos. bajar del bondi una noche y sentir olor a gas lacrimógeno, calculo que en el '98 o '99. En esa época yo iba en bondi en vez de a pata, y las marchas se hacían de noche, no a la tarde. Me acuerdo una gran discusión en Caturga sobre si participar o no en una performance que se había propuesto hacer, discusión que en última instancia se reducía a que a la mayoría nos parecía una cagada el "guión" y para otros era algo alucinante y súper expresivo. Tengo la idea de que fue el mismo año que los gases, aunque no creo que haya habido una sola que terminara gaseada. Eran años en que iba bastante poca gente y pelotudos como los Quebracho tenían espacio para hacer mierda la movida.

No recuerdo la marcha de los 25 años. Ni se si fui. En esa época estaba más cínico y alejado de la política. Adscribía a la idea, sacada en gran parte de mi viejo, de que Madres tenía una posición progre berreta, o "poco nacional", sin mencionar las políticas económicas de la dictadura, y los gobiernos que la siguieron. Digo "en gran parte", porque una vez que vio que no iba, me sacó cagando con una frase tan fuerte como "Qué, ¿tenían que matarlo a tu viejo para que vayas?". Hoy se que estaba(mos) equivocados con respecto a Madres. Eran los tiempos posteriores a la fractura de la Alianza y la apolítica reinaba.

¡Ah! ¡No! ¡Ya me acordé! Ese año acababa de caer Lopez Murphy y Cavallo volvía al ministerio de Economía. No recuerdo la marcha en sí, pero si no fui no fue por cinismo sino por vagancia lisa y llana.

Después de ahí en general fui, siempre a la marcha principal, cuando todavía Hebe marchaba aparte del resto de Madres, y encima a contramano, como para complicar todo un poco. Iba al menos a dar unas vueltas por ahí y hacer número. No estaba en la plaza el día que las Madres se pelearon con los "Partidos" de "Izquierda". En los últimos años recuerdo que había muchísima gente en el 2006, los 30 años, el día que el Misterioso Señor C. tiró un reloj de pie en la 9 de Julio, que en 2007 fui a la marcha equivocada, que 2008 por no querer repetir el mismo error y encima colgar un poco al final ni fui, que 2009 quería ir y no me dio el cuero por haber amanecido a bordo de un avión internacional, y que el año pasado había mucha pero mucha gente. Y que tanto ese día como hoy y a gran y fundamental diferencia de esa marcha 15 años atrás, muchísimos nos definimos orgullosamente como peronistas.

Los tiempos han cambiado, la plaza se recontrallena y eso que los rojos siguen obstinadamente marchando aparte. Anoche en Luján alguien mencionó al olvido como una enfermedad de los argentinos, que las agrupaciones de DD.HH. nunca dejaron de combatir. Me permito dudar de que realmente haya habido tanto olvido. Creo que la diferencia es que entonces salíamos sólo los pocos cabezones que nos negabamos a aflojar, y hoy hay muchísima gente que se niega a aflojar, que disfruta de no estar sola en esa resistencia, y por eso sale a la calle y llena la plaza.


Estándares varios


En el Jazz hay un conjunto de temas que se llaman standards, que son más que requetecontra conocidos, y que (según entiendo) son una buena base para arrancar tanto a estudiar como a improvisar. Esta idea es fácilmente extendible a cualquier otro género.

Ahora bien, que un tema sea un estándard no quiere decir necesariamente que sea un lindo tema. La zamba estándard por autonomasia es la Zamba de mi Esperanza que, no se a ustedes, pero a mí me embola profundamente. El "rock alrededor del reloj" es bastannte aburrido, incluso para rock&roll de los primerísimos. Y así siguiendo.

Pero me parece que no soy el único que piensa así. Creo que muchos músicos piensan lo mismo, porque en mi colección de folclore, armada bajando cosas de interné sin averiguar demasiado qué era lo que venía, sin buscar temas ni nada tengo 5 Zambas de Lozano, que es otra estándar, muchísimo más linda que la de la esperanza, 5 La Añeras, de Atahualpa, y 8 La Amorosas, que es una chacarera stándard, que me parece que también es de don Ata. En cambio sólo tengo una copia de la Zamba de Mi Esperanza, que es esta:








Ser o no ser (turista)



Ser "turista" es, para algunos, una definición que quisieramos evitar. La imágen típica del turista es de alguien fuera de lugar, e incluso molesto. Típicamente gringo o japonés, vestido "de otra forma", con la cámara encima y muchas veces sin siquiera tratar de hablar el idioma. Algunos lugares tienen su versión "real" y su versión "para turistas", también conocida como "Very typical".


Sin ir más lejos, Buenos Aires tiene una versión donde el tango se baila con acrobacias por el aire, La Boca es una cuadra pintada de colores y Puerto madero es un lugar importante donde se come bien. Algunas personas vienen buscando esa versión de la ciudad, sin intención de conocer la real. Otros pensamos que, si eso es ser turista, mejor nunca salir del barrio.

Pero, la real realidad es que cuando salimos, por más que busquemos conocer la versión real de los lugares y no la empaquetada, somos turistas y punto. Aún a los pueblos más chicos es imposible conocerlos en 3 o 4 días. No sólo no sabemos lo que es ese pueblo en invierno (o verano, o primavera, u otoño), ni estamos en las fiestas patrias o de los fines de año, ni estuvimos en las elecciones. Tampoco conocemos al almacenero, ni sabemos el nombre de todos los rincones, ni fuimos ahí a la escuela. Crecer en un lugar es muy distinto a vivir un tiempo en el mismo lugar y ambos son muy distintos a visitar un par de días. Y por más que querramos participar, sólo somos turistas, y mañana o pasado o a lo sumo la semana que viene nos vamos.

Así que en todo caso nos corresponderá mostrar al lugareño que todavía existimos turistas en busca de la Posta.