Mis 20 Favoritos - 8: Los cuentos del Sapo.

Los cuentos del Sapo de Gustavo Roldán (Principios de los '90)

Cuando yo era chico una de las mejores cosas que podía pasar era que ir con mi vieja a Colihue. Ella había publicado el estudio de algún libro de la colección Leer y Crear (LyC)1, por la que le pagaban unos pocos mangos, mitad porque no era un libro con mucha salida. Mi vieja inmediatamente invertía esa plata más toda la que tuviera en libros de la gloriosa colección Pajarito Remendado y igualmente gloriosa colección del Malabrista. Llegar a casa con un paquete repleto de libros era básicamente navidad adelantada.

Uno de los autores que frecuentemente publicaba en esas colecciones era el maestro Gustavo Roldán. Buscando refrescar la memoria encontré la página de Colihue con todos los libros de él publicados, y me acordé de muchísimos libros que me encantaban, y que al día de hoy me siguen pareciendo buenísimos.

Y entre ellos estaban unos de mis primeros libros favoritos: Cada cual se divierte como puede, El monte era una fiesta y Sapo en Buenos Aires. Los tres tienen en común un escenario, el Monte y sus habitantes, animales varios, cada uno con sus particularidades. El León, el Tigre, el Zorro, la Vizcacha, el Coatí, el Mono, la Pulga, el Conejo, la Tortuga, etcétera etcétera.

Y por sobre todos ellos destaca el Sapo, gran atorrante, hombre, perdón, batracio, de mundo, filósofo por vocación, vagoneta por constitución. El Sapo no es el protagonista de todos los cuentos, pero sí es el que más protagonismos tiene, y además el ídolo de los lectores y, sospecho yo, de Gustavo Roldán. Es el que siempre tiene una salida ingeniosa, el que siempre deja pagando a los brutos que mandan, al que los demás animales van en busca de consejo y además, el que ha viajado a Buenos Aires.

Los cuentos están inscriptos en una larga tradición de mundos de cuentos para chicos con galerías de animales, pero estos son argentinos. Osea, no es que hayan leones y tigres por acá, pero el tono general es mucho más parecido a los cuentos que me contaban mi viejo o mis abuelos de chico, mucho más interesantes que los cuentos de hadas eurpeos. Tienen un humor y una moralidad mucho más interesantes.

Los libros de Colihue no son los primeros libros que leí. Antes ataqué a Monteiro Lobato, y a Salgari y a Julio Verne. Pero esos libros eran heredados, los libros de Colihue son los primeros libros propios que recuerdo. Y fueron muchísimo más influyentes. Exceptuando a Elsa Bornemann, todos mis escritores favoritos de chico publicaban en Colihue: Laura Devetach, Graciela Montes, Alma Maritano, Gustavo Roldán, Javier Villafañe. Y si mirás en catálogo de la colección del Malabarista te encontrás con que de golpe te aparece un Federico García Lorca, un Conrado Nalé Roxlo, un Antonio Machado, un Horacio Quiroga, autores supuestamente "para grandes", que debe haber sido un riesgo meterlos en una colección así. De todos esos mis favoritos son los del Sapo, y se tienen más que ganado un lugar en esta lista.

No quiero ser injusto con los libros que leí antes, pero probablemente uno de los mayores responsables de que yo ame la lectura (fuera de mi familia, obvio) sea la Editorial Colihue. Acabo de abrir el catálogo para recordar nombres y me emocioné. Son mis primeros libros, son los que compartí unos años después con Leila, y ahora de adulto puedo ver que son unos libros del carajo, editados por gente que quiere que los chicos lean, que disfruten la lectura y que al leer se lean a si mismos.

Así que si ustedes tienen por ahí chicos en situación de ser iniciados en el amor a la lectura, ya saben por dónde empezar.



1Comentario para computadores: para mí LyC nunca va a querer decir "Lógica y Computabilidad"

3 comentarios:

  1. hermoso recuerdo, hermosa nota. Hace poco estuve en Colihue: hay más pajaritos y G.Roldán dirige una colección...y hay más!

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  2. me mató lo de LyC !!! jajajajá

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  3. Tengo el recuerdo de una sola expedición de esas. Fue cuando me trajeron la colección de libros sin palabras (era muy chica y no sabía leer) y algunas nuevas del pajarito remendado. Yo estaba jugando en mi pieza, o haciendo quién sabe qué, te sentaste cerca de la ventana y me dijiste algo así como ¨te tengo que leer este libro¨. Era la canción de las pulgas.
    Gustavo Roldán no es groso solamente porque acerca a los porteños a las orillas del Bermejo. También sabe ver las malas palabras como las entienden los chicos. Al día de hoy me parece un cuento muy fino, y eso que es el único cuento para chicos que tiene expresamente escrita la palabra ¨puta¨.

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