Imaginar, tal vez viajar.


Leer un libro es como viajar.

Ese que acabo de escribir es un de los clichés más viejos que hay. Se usa generalmente para incitar a la lectura, argumentando que la lectura estimula la imaginación y con ella uno viaja a lugares y tiempos desconocidos, con lo que se busca apelar al deseo natural de la gente de escaparse pa' otro lado, no necesariamente por ser infeliz donde se está, sino porque mucho tiempo en el mismo lugar aburre. En especial cuando uno es chico y no tiene la posibilidad de irse por su propia cuenta, mientras que sí tiene la posibilidad de leer y ahí cerramos el círculo.

Pero habiendo crecido y tenido la suerte de poder viajar, y aprovechando que tengo bastante recuerdo de mis vivencias como lector, tanto de chico como ahora de grande, puedo no sólo preguntarme sino responderme: leer, ¿es como viajar?


...


Eh... No.... Ni a palos.


Absorber un lugar a través de los cinco sentidos no se parece en nada a construir un lugar en nuestra imaginación más o menos madura. Y tanto la naturaleza como las personas son siempre capaces de construir cosas que nos sorprenden y que superan o simplemente flanquean lo que podamos imaginar.

Viajar y leer, leer y viajar son mis dos mayores placeres. En principio, como ya dije, no se parecen en nada. Sin embargo cada vez que viajo me dan ganas de escribir. De poner en palabras lo que estoy (vi)viendo para transmitírselo a otros. Así que sospecho que si tengo esa asociación entre viajar y escribir y el origen de mi gusto por la escritura viene de mi gusto por la lectura, algo deben tener que ver en algún lado. Les propongo que me acompañen un par de párrafos más a ver si encontramos la relación.

Lo primero es ver cómo reacciona mi imaginación ante un estímulo-libro. Siempre, sin un esfuerzo consciente de mi parte, me creo imágenes del entorno en que transcurre la historia, y a veces de las caras, expresiones y vestimentas de los personajes. A veces estas imágenes están relacionadas con las ilustraciones del libro, pero en general no tienen mucho que ver con las descripciones en el texto. A decir verdad, de chico, los párrafos con descripciones solía saltearlos. Mi idea de cómo eran Sandokan y sus islas venía de un libro ilustrado con fotogramas de una película, y como en ese libro no aparecía el "Rey del Mar", acorazado que capturaban en la novela del mismo nombre, me hice de él una imagen que todavía conservo y que hoy tengo claro que no tiene ningún parecido con la realidad. Hoy no salto los párrafos con descripciones, pero mis imágenes de los personajes y lugares siguen sin coincidir con las descripciones. En el caso de los personajes, suelen parecerse a la gente que anda por ahí. Así, los isleños de Terramar son más bien blancos, pese a que en los libros se dice explícitamente lo contrario, y los Kargos de la misma serie son blancos también, pero no rubios como dicen todos. En cuanto a los lugares, que es lo que imagino siempre, aunque no imagine a los personajes, la imagen que me hago de ellos tiene mucho que ver con el tono de la historia, más o menos oscuro según el caso. Incluso dos libros ambientados en el mismo lugar me han generado imágenes distintas dado que el tono en cada libro era diferente.

Volvamos a los viajes. Antes de irse de viaje uno decide a dónde ir y, si no conoce el lugar, empieza a averiguar un poco, lo que inevitablemente lleva a leer sobre el lugar. Y acá creo que está la relación más fuerte entre una y otra actividad, porque esa lectura me dispara los mismos mecanismos de imaginación, creándome imágenes de los lugares a los que estoy po ir. Ahora bien: nunca en mi vida un lugar ha coincidido con la imágen que me hacía de él. Me ha pasado encontrar en un lugar la imágen que tenía de otro. No se si es un problema mío o de los lugares a donde voy. También puede ser qu elas fotos promocionale de los "destinos turísticos" están sacadas en el mejor momento, que no es necesariamente en el que puede salir uno. Pero la verdad es que los lugares en general son distintos de lo que uno se imagina. Y ni hablar de la gente que es imposible de imaginar. Quizás las ganas de escribir me vienen de querer dejar expresadas esas diferencias, cerrar el círculo del texto leído, al viaje hecho, y vuelta al texto, esta vez producido.

Así que volvemos a concluír que leer no tiene más bien nada que ver con viajar. Leer sobre, o mirar fotos de, un lugar al que nunca se ha ido no tiene nada que ver con estar ahí. Leer sobre, o ver fotos de, un lugar en el que uno ha estado es ooootro tema, para un post que todavía tengo en el tintero. Sin embargo....


Hay otra acepción de "viajar", quizás más coloquial, que es básicamente "dejar que la imaginación vaya a donde quiera". Y en este sentido sí, total y definitivamente, leer un libro es flor de viaje.

1 comentario:

  1. Buenas!
    Salgo un poco del anonimato de ser estrictamente un lector, para comentarte que coincido bastante con lo que decís. Por ejemplo, a mi me pasaba (y me sigue pasando) lo de prestar poca atención a las descripciones en los libros e imaginar lo que me lleve el resto del libro. Con lo de escribir al viajar también me pasa, pero aún más fuertes me dan las gasas de fotografiar. Creo que, al menos en mi caso, estos impulsos vienen dados por querer llevar a gente que no estuvo en el viaje a que me acompañe, o de traerle un poco de ese viaje de vuelta.
    Saludos!

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